Programa 28 de l’Auditori de Barcelona “Imágenes” Debussy




Claude Debussy: 1862-1918

Biopic: Compositor francés cuyas innovaciones armónicas abrieron el camino de los radicales cambios musicales del siglo XX. Fue el fundador de la denominada escuela impresionista de la música. Nació en Saint-Germain-en-Laye el 22 de agosto de 1862. Ya en su niñez había iniciado el estudio del piano en su hogar; sin embargo, no pensaba entonces en la carrera musical. Fue una antigua discípula de Chopin, la señora Manté de Fleurville, quien intuyó la vocación del muchacho e indujo a sus familiares a cultivarla. De esta forma, Debussy ingresó en 1873 en el Conservatorio de París; allí tuvo por maestros, entre otros, a Lavignac, a Marmontel y, en composición, a Ernest Guiraud.

En 1879 viajó a Florencia, Venecia, Viena y Moscú como músico privado de Nadejda von Meck, mecenas del compositor ruso Peter Ilich Tchaikovski.En sus viajes a través de la Francia meridional, Suiza e Italia le permitió conocer a Wagner. Durante su estancia en Rusia conoció la música de compositores como Tchaikovski, Aleksandr Borodín, Mili Balakirev y Modest Musorgski, así como el folclore ruso y gitano. Debussy ganó en 1884 el codiciado Grand Prix de Roma por su cantata El hijo pródigo. De acuerdo con los requisitos del premio, estudió en Roma donde se instaló en la Villa Médici durante dos años y presentó de modo regular, aunque sin demasiada fortuna, nuevas composiciones al comité del Grand Prix. Entre estas obras se encuentran la suite sinfónica Printemps y una cantata, La señorita elegida, basada en el poema The Blessed Damozel del escritor británico Dante Gabriel Rossetti.
Durante la década de 1880, las obras de Debussy se interpretaron con frecuencia, y a pesar de su por entonces, naturaleza controvertida, se le empezó a valorar como compositor. Entre sus obras más importantes cabe destacar el cuarteto en sol menor (1893) y el Preludio a la siesta de un fauno (1894), su primera composición orquestal madura escrita a los 32 años basada en un poema del escritor simbolista Stéphane Mallarmé. El músico fue un lector de Pierra Bandelaire, Paul Verlaine y otros; con el arte de estos maestros de la literatura, así como con los pintores llamados impresionistas la música que Debussy componía tenía una afinidad esencial. Por eso era asiduo visitante de Mallarmé. Su ópera Peleas y Melisande, basada en la obra teatral del mismo nombre del poeta belga Maurice de Maeterlinck, data de 1902 y le otorgó a Debussy el reconocimiento como músico de prestigio. La forma en que la partitura realzó el abstracismo y ensueño de la obra original de Maeterlinck fue extraordinaria, así como el tratamiento de la melodía, que, en manos del compositor, se convirtió en una extensión o duplicación del ritmo. Considerada por los críticos como una fusión perfecta entre la música y el drama, se ha llevado a escena en numerosas ocasiones. Entre 1902 y 1920 Debussy compuso casi de forma exclusiva obras para piano. De su producción de este periodo destacan Estampas (1903), L’île joyeuse (1904), Imágenes (dos series, 1905 y 1907) y varios preludios. Se alejó del tratamiento tradicional del piano como instrumento de percusión y le dio más importancia a sus cualidades expresivas. En 1909 le diagnosticaron un cáncer del que murió el 25 de marzo de 1918 durante los acontecimientos de la I Guerra Mundial. La mayoría de sus composiciones de este periodo son para música de cámara. Entre ellas tenemos el extraordinario grupo de sonatas (para violín y piano, violonchelo y piano, y flauta, viola y arpa), en las que la esencia de su música se destila en estructuras más sencillas, próximas al estilo neoclásico.

La música de Debussy, en su fase de plena madurez, fue la precursora de la mayor parte de la música moderna y lo convirtió en uno de los compositores más importantes de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Sus innovaciones fueron, por encima de todo, armónicas. Aunque no fue él quien inventó la escala tonal completa, sí fue el primero que la utilizó con éxito. Su tratamiento de los acordes fue revolucionario en su tiempo; los utilizaba de una manera colorista y efectista, sin recurrir a ellos como soporte de ninguna tonalidad concreta ni progresión tradicional.
Esta falta de tonalidad estricta producía un carácter vago y ensoñador que algunos críticos contemporáneos calificaron de impresionismo musical, dada la semejanza entre el efecto que producía esta clase de música y los cuadros de la escuela impresionista. Aún hoy se sigue empleando este término para describir su música. Debussy no creó una escuela de composición, pero sí liberó a la música de las limitaciones armónicas tradicionales. Además, con sus obras demostró la validez de la experimentación como método para conseguir nuevas ideas y técnicas. Entre otras obras importantes destacan la música para escena de El martirio de San Sebastián (1911) de Gabriele d’Anninzio, la música para ballet Juegos (1912), el poema orquestal La mer (1905) y las canciones Cinq poèmes de Baudelaire (1889).

Imágenes para orquesta

Tras las imágenes para piano, nacidas entre 1905 y 1907, Debussy compuso, entre 1907 y 1911, las Imágenes para orquesta. Los títulos, como casi siempre en Debussy sugieren imágenes pictóricas. Pero en estas Imágenes hay referencias folclóricas. La primera Gigues, evoca esa popular danza escocesa que penetró en Europa ya de antiguo, y que figura en tantas suites barrocas. Sigue un tríptico, intitulado Iberia, con ese perfume pseudofolclórico y pseudoespañol que caracteriza tantos títulos de la música francesa de fin de siglo. Compositores que nunca pisaron tierra española como Debussy, aciertan sin embargo a dar a estas obras un carácter muy semejante al de las producidas por los compositores españoles de la misma época. Par les rues et les chemins es una filigrana quintaesenciada de ambientación exótica, pero aun se ve superada por les parfums de la nuit, donde la música se convierte en algo extrasensorial. Cuando Debussy compone, por ejemplo, una de las Imágenes para piano, Poissons d’or, la música evoca en nosotros sensaciones visuales; pero en los les parfums de la nuit lo que evoca son sensaciones olfativas, y nada parece más impropio del noble arte de los sonidos. Debussy es un brujo de estas cosas, y llegamos verdaderamente a percibir esos perfumes en estas cosas, y llegamos verdaderamente a percibir esos perfumes a través de las notas. El tercer movimiento de Iberia, Le matin d’un tour de fête, es mucho más primitivo y directo, y no da ni más ni menos de lo que el título promete. En cuanto a la ´´ultima de las Imágenes para orquesta, Rondes de printemps, está dedicada al folclclore nacional, con su cita explícita a la canción Nous n’iron plus au bois. Se trata de un rebrote de ese espíritu nacionalista tan en común entre los artistas fin-de-siecle en Francia, y que debussy había manifestado ya en otras ocasiones.

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