Programa 25 de l’Auditori de Barcelona: El Piano de Beethoven

Biopic: Compositor alemán, considerado uno de los más grandes de la cultura occidental. Nació en Bonn el 17 de diciembre de 1770. Se formó en un ambiente propicio para el desarrollo de sus facultades aunque excesivamente rígido. Sus primeros brotes de talento musical fueron dirigidos de forma tiránica por la disciplina de su padre, que era tenor en la capilla de la corte. En 1789 Beethoven comenzó a trabajar como músico de la corte para mantener a su familia. Sus primeras obras bajo la tutela del compositor alemán Christian Gottlob Neefe, especialmente la cantata fúnebre por la muerte del emperador José II, mostraban ya una gran inteligencia, y se pensó en la posibilidad de que se fuera a Viena para estudiar con Wolfgang Amadeus Mozart. Aunque la muerte de Mozart en 1791 hizo que estos planes no pudieran realizarse, Beethoven marchó a Viena en el año 1792 para estudiar con el compositor austriaco Josef Haydn. En Viena, Beethoven deslumbró a la aristocracia con sus improvisaciones pianísticas, a la vez que llegó a acuerdos bastante beneficiosos con los editores de música de la ciudad. Sus composiciones se encontraban a medio camino entre el audaz estilo del compositor alemán Carl Philipp Emanuel Bach y el exquisito refinamiento de Mozart. El creciente mercado de publicaciones musicales le permitió trabajar como compositor independiente, algo que Mozart intentó en la década anterior sin conseguirlo. En la primera década del siglo XIX Beethoven renunció al estilo local, de estructuras débiles, y a partir del legado de Haydn y Mozart, creó un nuevo lenguaje. Aunque afirmaba "no haber aprendido nada de Haydn", e incluso llegó a buscar un maestro complementario como fue el compositor vienés Johann Georg Albrechtsberger. Beethoven asimiló en seguida el clasicismo vienés en todos los géneros instrumentales: sinfonía, concierto, cuarteto de cuerda y sonata. La mayoría de las obras que hoy se interpretan las compuso durante los años transcurridos entre la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, opus 55 (Heroica, comenzada en 1803 y estrenada en 1805), y la Sinfonía nº 8 en fa mayor, opus 93 (1812), periodo denominado como su 'década heroica'. La fama de Beethoven alcanzó su punto culminante durante estos años pero la pérdida creciente de la capacidad auditiva que comenzó a notar en 1798, lo hizo aislarse de la sociedad.
Comenzó entonces a cambiar de domicilio con frecuencia. Durante el periodo estival vivía en las afueras de Viena, sobre todo en Heiligenstadt y en invierno regresaba a la ciudad. En 1802 expresó el profundo sufrimiento que le causaba su progresiva sordera. Las excentricidades del músico aumentaron a partir del año 1805. Sus conciertos en público eran contados y en el año 1814 ofreció el último. A pesar de los rumores que circulaban entre las personas cercanas a él sobre sus repetidos enamoramientos, Beethoven siempre elegía a mujeres inaccesibles que pertenecían a la aristocracia, estaban casadas, o las dos cosas a la vez. En 1818 Beethoven, ya sordo por completo, tuvo que utilizar 'libros de conversación' en donde la gente escribía sus notas y observaciones para que el compositor los entendiera. Renegó de todo el mundo menos de un pequeño y cerrado círculo de amigos. Exceptuando los estrenos de la Sinfonía nº 9 en re menor, opus 125 y partes de la Missa solemnis en re mayor, opus 123 en 1824, su música siguió interesando únicamente a un reducido grupo de expertos. A pesar de todo, ya había alcanzado un gran prestigio y en su lecho de muerte recibió todo tipo de muestras de simpatía. Murió en Viena el 26 de marzo de 1827; miles de personas asistieron a su funeral.
Tradicionalmente se le ha considerado como el puente hacia el romanticismo, y su producción musical está dividida en tres periodos según una conocida interpretación de Lenz. Actualmente los expertos lo consideran como el último representante de la escuela vienesa clásica, que en lugar de seguir la corriente romántica se dedicó a desarrollar la música que le habían legado Mozart y Haydn. Tras su llegada a Viena, Beethoven alternó las composiciones basadas en modelos clásicos. El nuevo estilo al que se refirió en 1802, marca su retorno a las estructuras vienesas clásicas. A pesar de la fuerza de sus composiciones en la década que transcurre entre 1802 y 1812, musicalmente representan el desarrollo de las formas empleadas por Mozart y Haydn. En estas obras demostró que con su estilo, basado en una temática del todo nueva y en armonías opuestas que utilizaban notas contrarias, podía crear música dotada de una fuerza y expresividad muy importantes.
Las dificultades para terminar la Sinfonía nº 8 en fa mayor, opus 93 y las dudas sobre una posible relación con su 'amada inmortal' llevaron a Beethoven a un periodo de incertidumbre. La fascinante capacidad de producción de la década anterior entró en declive. Las obras posteriores a 1812 experimentaron nuevos matices y desarrollaron las estructuras musicales que el compositor utilizaba en la década de 1790. Este grupo de obras cíclicas y de final abierto respondía a la influencia de una nueva generación de compositores románticos.

Concierto para piano nº 5 de Beethoven
El Concierto nº 5 para piano y orquesta, en Mi bemol mayor, Opus 73, fue terminado en 1809, año de la derrota austríaca en Wagram, que también sería testigo de la segunda ocupación francesa de Viena, con el emperador Napoleón instalado en el Palacio de Schönbrunn. La toma de la ciudad por Bonaparte enfureció a Beethoven; se cuenta que en un café se dirigió agresivamente a un oficial diciéndole “Si yo fuera general y supiera de estrategia militar tanto como sé de contrapunto, le daría a sus amigos en qué pensar”.
El concierto está dividido en los habituales tres movimientos:
I. Allegro
II. Adagio un poco mosso
III. Rondo – Allegro ma non troppo
La orquestación pide piano, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes en Si bemol, 2 fagotes, 2 trompas, 2 trompetas, timbales en Mi bemol y Si bemol, y quinteto de cuerdas (violines I y II, violas, violonchelos y contrabajos).
El Quinto Concierto fue el primero en no ser estrenado por el propio Beethoven, lo que representa toda una novedad en un género que hasta entonces había tenido como una de sus finalidades principales la presentación en público de pianistas-compositores, caso de Mozart, o del propio Beethoven, y aún de músicos posteriores como Chopin. Beethoven había sido solista en el estreno de sus cuatro primeros conciertos para piano. Sus primeros triunfos como pianista en Viena le habían consagrado como virtuoso, pero en 1809 cuando terminó su quinto concierto, estaba demasiado sordo para tocarlo; esa puede ser una de las razones por las que el Concierto “Emperador” fuera el último.
Por causa de la guerra el estreno del concierto debió esperar dos años. Finalmente tuvo lugar en Leipzig el 28 de noviembre de 1811, con Friedrich Schneider como solista. La obra fue recibida con gran entusiasmo; el Allgemaine Musikalische Zeitung de enero de 1812 publicó en su arrebatada crónica: “Es sin duda uno de los más originales, imaginativos pero también uno de los más difíciles entre los conciertos existentes” y que el público que llenaba la sala estaba “en un estado tal de entusiasmo que apenas podía conformarse con las expresiones habituales de reconocimiento y júbilo”.
Para el estreno vienés, que tuvo lugar tres meses después, Beethoven eligió como solista a su alumno Carl Czerny, pero no hubo éxito. El periódico Talía atribuyó el fallo al hecho de que Beethoven rehusó por sobreestimación y orgullo a escribir para su público; el editor respondió “Sólo puede ser comprendido y apreciado por verdaderos conocedores”.
El sobrenombre de “Emperador” con el que suele designarse este concierto no procede de Beethoven, aunque parece haberse difundido ya en tiempos del compositor. Por otra parte, la grandeza monumental de la obra no lo hace del todo inadecuado. Sin olvidar la originalidad del magnífico Cuarto concierto para piano en Sol mayor, opus 58, el Quinto tiene en la historia del género un papel parecido al de la Sinfonía "Eroica", debido a la forma en que amplía los límites de la tradición.
El “Emperador” tiene una duración muy superior a la de cualquier obra anterior del género concertante, lo que sería solamente anecdótico si no fuera por el hecho, mucho más trascendente, de que la complejidad y solidez de las relaciones tonales, la exigencia sinfónica de su desarrollo motívico, la profundidad expresiva y la dificultad virtuosística de la parte solista están a la altura de las ambiciosas dimensiones.
El primer movimiento comienza con una inusual cadenza del piano con intervenciones afirmativas de instrumentos acompañantes. Tras la resolución final del pasaje, el solista se retira para que la orquesta comience la tradicional primera exposición. En ésta se presenta el tema principal, una idea de connotaciones militares, magnífico en su concisión como típica célula rítmica beethoveniana capaz de generar desarrollos muy variados. La exposición orquestal presenta también el segundo tema que a lo largo de la obra aparecerá bajo aspectos muy diferentes. Esta primera sección se completa con una serie de ideas complementarias que parecen preparar un cierre brillante y que desembocan en la entrada del solista. La versión que éste propone del primer tema, más dulce e íntima que la del conjunto, da lugar a una elaboración que conduce a una serie de nuevas variantes del segundo tema, tanto bajo la perspectiva más expresiva del solista como en una categórica explosión del tutti. Los brillantes pasajes con los que concluye la exposición del solista, ricos en sutiles detalles polifónicos y armónicos, llevan a la sección central de desarrollo, dominada por el primer tema. Tras haber llegado prácticamente al silencio en sus últimas fases, el regreso de la enérgica cadenza inicial marca el inicio de la reexposición, en la cual se mantendrá la sucesión original de los temas con las adaptaciones necesarias para esta función. El movimiento no reserva el lugar tradicional para que el pianista improvise una cadenza, como Beethoven hizo todavía en el Cuarto concierto, sino que la cadenza es escrita con todo detalle por el compositor, quizás por primera vez en la historia del género. El pasaje es breve y está perfectamente integrado en la estrategia general de la coda de tipo sinfónico con la que termina el movimiento. En comparación con éste, la duración del movimiento central es más modesta. Su tonalidad es sobre el papel Si mayor, aunque se trata de un manera más sencilla de escribir en Do bemol mayor, que es la que corresponde a la relación tonal que realmente se produce. La idílica melodía, una de las más bellas jamás escritas por Beethoven, es presentada por la orquesta en sus rasgos principales; luego es asumida por el solista en una versión más prolongada. Una breve sección central en Re mayor lleva a la recapitulación de la primera parte la cual, de acuerdo con lo que es usual en los movimientos lentos del Clasicismo vienés, aparece en una variante ornamentada. El plácido final del movimiento deja en el aire una nota de los fagotes, que al moverse a la nota inferior dan paso a una intrigante transición al Rondo final en siete secciones, según la secuencia ABACABA.
A pesar de la preparación, su entrada sorprende por la impetuosa energía de una melodía llena de entusiasmo. Según el principio estructural del rondó, se alternará con episodios y pasajes muy diversos, líricos, humorísticos, dramáticos… en un juego en que las entradas del tema principal tienden a buscar inesperados y mágicos efectos gracias a los cambios de tonalidad en que se presenta en su sección central.

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